El sexo en 2050: la libertad se convertirá en la norma y la fidelidad será una cláusula del contrato

2050, Familia

El artículo «La familia en 2050: la familia contractual permitirá aumentar la natalidad en Europa» generó numerosas reacciones. Algunos lectores vieron en la familia contractual una posible solución al problema demográfico, mientras que otros la consideraron una transformación demasiado profunda de las relaciones habituales. Esta respuesta demostró que el debate sobre la familia del futuro no podía terminar con un solo artículo.

Por eso, MediaIEU decidió continuar el tema y crear una serie de artículos sobre cómo vemos la sociedad, la familia, las relaciones y al ser humano en 2050. No analizaremos únicamente las tecnologías futuras, sino también los cambios en el comportamiento, la elección, la responsabilidad y los valores sociales.

El sexo es una parte inseparable de la familia y de las relaciones. Por eso continuamos nuestro pronóstico con este tema. No hablamos únicamente del contacto físico. El sexo está relacionado con el deseo, la confianza, los celos, la fidelidad, la intimidad emocional, el dinero y los límites personales. La transformación de cualquiera de estos elementos afecta inevitablemente a todo el sistema familiar.

No intentamos adivinar qué dispositivos concretos, nombres de programas o formas de comunicación aparecerán dentro de veinticuatro años. Nos interesa la dirección en la que ya avanza el ser humano y los cambios a los que conducirá ese movimiento. Muchos procesos capaces de transformar las relaciones humanas antes de 2050 ya existen, aunque la sociedad todavía no siempre esté preparada para reconocer su importancia.

La familia contractual no podrá existir si conserva el principal engaño del modelo anterior: fingir que los deseos sexuales de una persona desaparecen después del matrimonio y que el certificado matrimonial garantiza automáticamente la fidelidad.

El matrimonio no elimina el interés por otras personas, las fantasías, la curiosidad ni la necesidad de sentirse deseado. Solo crea una obligación cuyo contenido las parejas muchas veces ni siquiera comentan. Cada persona supone que la otra entiende la fidelidad exactamente de la misma manera, aunque sus límites reales puedan ser muy diferentes.

El modelo familiar anterior exige una promesa de exclusividad sexual para toda la vida, pero apenas explica cómo debe funcionar esa promesa en la vida real. Como resultado, los deseos no desaparecen, sino que pasan a la parte oculta de la relación. Allí aparecen los mensajes secretos, los servicios de pago, las relaciones paralelas, la doble vida y el engaño mutuo.

Las tentaciones del mundo moderno ya son enormes. Se encuentran en el teléfono, las redes sociales, los mensajes privados, los contenidos de pago, las retransmisiones de vídeo y las aplicaciones de citas. En pocos minutos y sin salir de casa es posible acceder a otra persona, a una imagen sexual o a una conversación privada.

Antes de 2050, la tecnología hará que estas interacciones sean todavía más accesibles, personales y realistas. Sin embargo, muchas sorpresas del futuro se encuentran hoy fuera de nuestra comprensión e incluso de nuestra imaginación. Por eso no es necesario debatir sobre dispositivos concretos, sino sobre las reglas, la responsabilidad y los límites que permitirán a la familia existir en la nueva realidad.

 

La sociedad defiende la monogamia, pero vive de una manera mucho más compleja

La sociedad moderna continúa defendiendo públicamente la monogamia. La fidelidad sigue siendo una parte obligatoria de la idea de una familia correcta, de una relación seria y del respeto mutuo. La respaldan la religión, la moral social, las tradiciones familiares y las propias personas, que esperan exclusividad de sus parejas.

Sin embargo, el comportamiento real de las personas se ha vuelto mucho más complejo. La tecnología ha creado numerosas formas de interacción sexual y emocional situadas entre la comunicación habitual y la infidelidad física. La sociedad todavía no ha definido sus límites, por lo que cada persona interpreta lo que ocurre a su manera.

El sexo físico con otra persona suele considerarse una infidelidad. Sin embargo, una suscripción de pago a contenidos explícitos muchas veces no se considera como tal. Ver un material de acceso público se percibe de manera distinta a mantener una conversación individual con su autor. Pero cuando una persona paga por mensajes privados, encarga acciones concretas o se comunica regularmente con el mismo creador, la frontera entre observar y mantener un contacto sexual personal se vuelve menos clara.

Los mensajes con contenido sexual pueden justificarse como una conversación inocente. El trabajo ante una cámara, como una forma normal de ganar dinero. La compra de una retransmisión individual, como entretenimiento. El sexo virtual, como una fantasía, porque los participantes no se encuentran físicamente en el mismo lugar.

Una relación emocional sin contacto físico puede destruir una familia con más fuerza que un encuentro sexual ocasional. Una persona puede confiar diariamente sus pensamientos a otra, hablar de sus deseos, recibir apoyo y trasladar poco a poco la intimidad emocional fuera de la familia. Sin embargo, formalmente sigue afirmando que no ha ocurrido nada porque no hubo sexo físico.

El ser humano intenta constantemente cambiar el nombre de su propio comportamiento para no considerarlo una infidelidad. Dice que es solo trabajo, solo mensajes, solo una fantasía, solo una cámara, solo mirar, solo comunicación virtual o solo sexo sin sentimientos.

Esta explicación le permite conservar la imagen de su propia fidelidad. Sin embargo, para la otra persona, cada una de estas acciones puede significar una vulneración de la confianza y de los límites acordados.

El problema no se limita al propio contacto sexual o emocional. También importan los mensajes ocultos, el dinero gastado, la atención constante prestada a otra persona, el carácter personal de la comunicación y el intento de ocultar lo que sucede.

El antiguo modelo de relaciones no sabe distinguir entre el sexo físico, la intimidad emocional, un servicio comercial, un contacto virtual y una fantasía digital. Intenta valorar todo con una sola palabra: «infidelidad». Sin embargo, dos personas pueden incluir acciones y límites completamente distintos dentro de ese concepto.

Una persona considera infidelidad únicamente el contacto físico. Para otra, los mensajes sexuales ya constituyen una vulneración de la fidelidad. Una tercera no acepta las retransmisiones individuales de pago. Una cuarta permite el sexo ocasional, pero considera una traición una relación emocional permanente.

Mientras estos límites no se expresen, cada persona vive según sus propias reglas, pero espera que su pareja respete unas reglas que nunca se han discutido. En 2050 será imposible conservar esta indefinición: existirán demasiadas formas de interacción sexual y emocional.

 

La moral de nuestra generación no responde a las preguntas de 2050

En 2050 surgirán preguntas para las que la moral de nuestra generación no podrá ofrecer una única respuesta. Las definiciones habituales de fidelidad, intimidad e infidelidad se crearon para un mundo en el que las relaciones sexuales implicaban a dos personas y, casi siempre, requerían contacto físico. Las nuevas tecnologías transformarán ambas condiciones.

¿Se considera infidelidad el sexo con una inteligencia artificial? ¿Es una retransmisión individual de pago una infidelidad si el creador y el cliente se ven y se comunican en tiempo real? ¿Vulnera la fidelidad una persona que mantiene conversaciones íntimas diarias con una pareja digital, pero no toca a otro ser humano?

¿Qué tiene más importancia: un contacto físico sin sentimientos o una relación emocional de muchos años sin contacto físico? ¿Es posible mantenerse fiel con el cuerpo y, al mismo tiempo, quebrantar la fidelidad mediante la atención constante, la confianza y la comunicación sexual con otra persona o con una inteligencia artificial?

¿Puede considerarse infidelidad una relación con un personaje digital que tiene el aspecto y el comportamiento de una persona real? ¿Importa que esa persona exista realmente? ¿Qué ocurrirá si una inteligencia artificial adopta la apariencia de una expareja, un conocido, un actor o un personaje completamente ficticio?

A esto se añadirá la cuestión del consentimiento. ¿Es admisible crear una imagen sexual de una persona real sin su permiso? Aunque la interacción se produzca únicamente con una inteligencia artificial, utilizar la apariencia ajena puede vulnerar los límites personales de alguien que nunca autorizó la creación de esa imagen.

Una pareja artificial no seguirá siendo una imagen inmóvil ni un programa con un conjunto limitado de respuestas. Podrá recordar conversaciones, tener en cuenta los deseos, mantener un vínculo emocional, tomar la iniciativa y adaptarse progresivamente a una persona concreta. Sabrá qué palabras generan confianza, qué fantasías atraen al usuario y en qué momento necesita atención o apoyo.

Para una persona seguirá siendo un programa. Para otra, será una relación íntima plena. Uno de los miembros de la pareja no verá ninguna amenaza en esa comunicación, mientras que el otro la percibirá como la presencia permanente de un tercer participante en la relación.

La moral de nuestra generación se construyó alrededor del cuerpo físico y del contacto directo. Si una persona no se encontraba con otra ni la tocaba, le resultaba más sencillo afirmar que no había existido una infidelidad. La tecnología elimina la necesidad de estas condiciones, pero no sus consecuencias emocionales.

Los celos, el sentimiento de traición y la pérdida de confianza pueden aparecer incluso cuando no existe una segunda persona real. No solo importará la acción física, sino también cuánto tiempo, atención, emociones y dinero desvía una persona fuera de la familia.

En 2050, la frontera entre una persona, una imagen digital y una pareja artificial será mucho menos clara. La apariencia puede pertenecer a una persona real; la voz puede ser creada por un programa; el carácter, formado por una inteligencia artificial; y los recuerdos, construidos a partir de años de comunicación con el usuario.

La sociedad difícilmente podrá crear una única definición de infidelidad adecuada para todas estas situaciones. Por eso, la cuestión principal no será si el segundo participante existe físicamente, sino qué límites han establecido las parejas y qué obligaciones han aceptado voluntariamente.

 

La familia ya ha cambiado, pero el sistema de responsabilidad no ha cambiado

Al mismo tiempo que cambia el comportamiento sexual, también cambia la propia familia. El nacimiento de un hijo, la convivencia, las relaciones románticas, la fidelidad sexual y el matrimonio formal ya no son necesariamente partes de un único sistema.

Según Eurostat, en 2024 alrededor del 41 % de los niños de la Unión Europea nacieron fuera del matrimonio, mientras que la tasa global de fecundidad fue de 1,34 hijos por mujer. Estos datos no significan que las familias sin matrimonio registrado sean necesariamente menos estables. Demuestran otra cosa: el matrimonio formal ya ha perdido el monopolio sobre el nacimiento de los hijos y ha dejado de ser la única forma de organizar una familia. Eurostat: Demography of Europe — 2026

La legislación de los países europeos reconoce la responsabilidad de los progenitores con independencia de su estado civil. Pero Europa todavía no ha creado otro sistema universal y comprensible que permita definir de antemano sus obligaciones a largo plazo ante el niño.

Precisamente aquí falta un contrato de responsabilidad parental que determine las obligaciones relativas al nacimiento, la crianza y la manutención del niño a largo plazo. Este contrato no debería celebrarse después de la separación y del inicio del conflicto, sino antes del nacimiento del niño o durante sus primeros meses de vida.

Puede determinar la participación de cada progenitor en la crianza, el reparto de las obligaciones cotidianas, los gastos permanentes y adicionales, el lugar de residencia del niño, el régimen de contacto con cada progenitor, las decisiones sobre educación y salud, la posibilidad de trasladarse a otro país y las medidas que deben adoptarse en caso de enfermedad, pérdida de ingresos o fallecimiento de uno de los progenitores.

Este contrato no debe limitar los derechos del niño ni convertirlo en objeto de un acuerdo entre adultos. El interés superior del niño debe prevalecer sobre las condiciones elegidas por los progenitores. La función del contrato consiste en convertir la responsabilidad en algo concreto, comprensible y duradero.

En el artículo anterior supusimos que, en 2050, este contrato se convertirá en la base de la nueva familia. Determinará la responsabilidad de los progenitores con independencia de que hayan registrado su matrimonio, vivan juntos, mantengan una relación romántica o continúen siendo sexualmente fieles.

Hoy, el final de una relación sexual o romántica suele destruir todo el sistema familiar. Junto con la relación termina la convivencia, comienza la lucha por los bienes, cambia la participación en la crianza del niño y aparece un conflicto por el dinero.

Las obligaciones parentales se mantienen jurídicamente, pero la participación real de uno de los progenitores puede disminuir. El niño pasa a depender del estado emocional de los adultos, de sus nuevas relaciones, de las acusaciones mutuas y de su capacidad para alcanzar acuerdos después de la separación.

El problema consiste en que la familia moderna reúne varias funciones diferentes. Dos personas son simultáneamente parejas sexuales, una pareja romántica, miembros de un hogar común y progenitores. Cuando termina uno de estos vínculos, todos los demás quedan amenazados.

La familia contractual debe separar estas relaciones. El final del vínculo sexual no tiene por qué significar el final de la participación parental. La aparición de una nueva pareja no debe anular las obligaciones económicas. La infidelidad no puede utilizarse como motivo para abandonar la crianza del niño.

La responsabilidad ante el niño no puede desaparecer por la pérdida de la atracción sexual, un cambio en la vida personal o un conflicto entre adultos. El niño no debe convertirse en participante de una disputa provocada por la relación entre sus progenitores.

Predecimos que, en 2050, el contrato de responsabilidad parental existirá por separado del acuerdo sobre la fidelidad sexual. El primero protegerá los intereses del niño y establecerá la responsabilidad duradera de los progenitores. El segundo determinará los límites personales de los adultos y podrá modificarse por consentimiento mutuo. La terminación de uno de los acuerdos no anulará el otro.

 

La fidelidad se convertirá en una condición elegida voluntariamente

Hoy, la sociedad parte de la idea de que toda relación seria implica automáticamente monogamia sexual. Las personas pueden no haber hablado nunca de sus condiciones, pero cada miembro de la pareja supone que el otro entiende la fidelidad exactamente de la misma manera.

El problema solo se descubre después de vulnerar un límite cuya existencia la otra persona quizá ni siquiera conocía. Una persona considera infidelidad únicamente el sexo físico. Otra, los mensajes explícitos. Una tercera no acepta el consumo de contenidos sexuales. Una cuarta permite un contacto físico ocasional, pero considera una traición una relación emocional permanente.

También puede variar la actitud hacia los servicios comerciales. Para una persona, una retransmisión de pago no se diferencia de ver una película. Para otra, el pago, la comunicación personal y el cumplimiento de una petición individual la convierten en un contacto sexual con una persona concreta.

La aparición de parejas artificiales hará todavía más visibles estas diferencias. Una persona considerará la comunicación con un programa una fantasía segura. Otra verá en las conversaciones íntimas diarias una relación paralela completa, aunque detrás de la imagen digital no exista una persona real.

En 2050, la fidelidad y la admisibilidad de otras relaciones estarán determinadas por las condiciones de un acuerdo voluntario. La sociedad dejará de partir de la idea de que existe un único modelo correcto de relaciones sexuales que todas las personas aceptan automáticamente.

Las parejas tendrán que determinar de antemano qué está permitido y qué se considera un incumplimiento del acuerdo. Podrán debatirse por separado el sexo físico, los servicios comerciales, los contactos virtuales, las retransmisiones individuales, las relaciones emocionales, las parejas artificiales y el uso de imágenes de personas reales.

No solo importará el propio contacto, sino también las circunstancias relacionadas con él. Las parejas podrán determinar si es obligatorio informar sobre otras relaciones, si está permitido utilizar dinero común, qué información no puede ocultarse y qué medidas son necesarias para proteger la salud de todos los participantes.

El acuerdo también puede distinguir entre un contacto ocasional y una relación permanente. Para una pareja, el principal límite será el sexo físico; para otra, la intimidad emocional. Una tercera podrá permitir contactos sexuales con otras personas, pero prohibir que se oculten o que se utilicen recursos familiares comunes para pagarlos.

Este contrato no concede a una persona el derecho a disponer del cuerpo de otra, exigir un contacto sexual o controlar su personalidad. Solo determina las condiciones bajo las cuales cada miembro de la pareja acepta continuar la relación.

El consentimiento no puede otorgarse una vez y para siempre. Cualquier persona podrá cambiar de opinión, rechazar una condición aceptada anteriormente o proponer la revisión del acuerdo. Pero las reglas deben modificarse antes de incumplir lo acordado y no utilizarse después como justificación de un comportamiento oculto.

Las condiciones no tienen que ser idénticas, pero deben aceptarse voluntariamente y sin presión. Si una persona acepta las reglas únicamente por miedo a perder la vivienda, el dinero, al niño o el derecho a permanecer en el país, el acuerdo no puede considerarse libre.

Una persona podrá elegir la monogamia completa. Podrá aceptar relaciones físicas sin vínculo emocional. Podrá permitir contactos virtuales, pero rechazar los servicios sexuales comerciales. Podrá renunciar a cualquier restricción sexual y conservar únicamente el contrato relativo a los hijos, el dinero y los bienes comunes.

La libertad de elección no eliminará la fidelidad, sino que cambiará su significado. La fidelidad consistirá en respetar un acuerdo aceptado voluntariamente. La vulneración no será una forma concreta de contacto sexual, sino el engaño y el traspaso de los límites establecidos por la pareja.

El principal cambio consistirá en que las condiciones dejarán de darse por supuestas. Tendrán que formularse abiertamente, acordarse y aceptarse.

 

Las relaciones físicas conservarán su importancia

La tecnología ampliará las formas de interacción sexual, pero no sustituirá la intimidad entre personas reales. El tacto, la presencia, la reacción mutua y la comunicación directa conservarán un valor que no puede reproducirse por completo a distancia.

En 2050 no cambiará la existencia del sexo físico, sino su lugar en la vida de las personas. Dependerá todavía menos del matrimonio, la convivencia y el nacimiento de los hijos. Una relación física podrá formar parte de una familia, de una relación breve, de contactos fuera de la pareja acordados voluntariamente o de un servicio comercial.

Esto no significa que todas las personas renuncien a las relaciones duraderas. Muchas continuarán eligiendo una sola pareja y la monogamia completa. Otras tendrán sucesivamente varias relaciones en diferentes etapas de su vida, mientras que algunas acordarán de antemano la posibilidad de mantener otros contactos sexuales.

El aumento de la esperanza de vida también cambiará el comportamiento sexual real. Una persona podrá vivir varias etapas prolongadas de su vida personal: una relación durante la juventud, una nueva familia después de un divorcio y una nueva pareja tras el fallecimiento del cónyuge. Iniciar una relación a los 60, 70 u 80 años dejará de considerarse algo extraño o vergonzoso.

La medicina permitirá conservar durante más tiempo la actividad física y sexual, tratar las alteraciones de la función sexual y controlar con mayor precisión las decisiones reproductivas. La prevención, el diagnóstico y el tratamiento de las infecciones evolucionarán junto con las nuevas formas de relación, pero no desaparecerá la responsabilidad por la salud de las parejas.

La independencia económica también influirá en la vida sexual. A las personas les resultará más sencillo terminar relaciones que solo se mantenían por la dependencia de la vivienda, los ingresos o la posición social. Esto aumentará la libertad de elección, pero exigirá acuerdos más precisos sobre los hijos, los bienes y la responsabilidad económica.

Los servicios sexuales presenciales de carácter comercial continuarán existiendo. La posibilidad de ver a una persona en una pantalla o comunicarse con una pareja artificial no eliminará la demanda de una presencia real. Tanto quienes presten los servicios como sus clientes serán personas adultas de diferentes sexos y orientaciones sexuales.

La demanda también influirá en el cuerpo físico. Algunas personas cambiarán su apariencia, su figura, su voz y su comportamiento para responder a las expectativas de un público determinado. Para unas será una forma de expresión personal; para otras, una decisión comercial. Sin embargo, los cambios en la apariencia, la expresión de género o el cuerpo no pueden explicarse automáticamente por la influencia del mercado: la identidad personal y la elección profesional siguen siendo conceptos diferentes.

Las formas digitales y a distancia complementarán este mercado, pero no constituirán toda la vida sexual de 2050. Las preguntas principales seguirán siendo las mismas: ¿el contacto es voluntario?, ¿está protegida la salud de los participantes?, ¿se respetan los límites establecidos? y ¿recibe cada persona información veraz sobre lo que ocurre?

El sexo físico seguirá siendo, ante todo, una forma de relación entre personas. Lo nuevo será la diversidad de los modelos admisibles y la necesidad de definir de antemano la responsabilidad por la propia elección.

 

El sexo comercial dejará de ser un mercado en el que las mujeres venden servicios a los hombres

La idea habitual del sexo comercial se construye alrededor de una mujer que vende un servicio y un hombre que paga por él. Sin embargo, esta imagen ya no representa todo el mercado existente y, en 2050, quedará definitivamente obsoleta.

Los hombres no participarán en el sexo comercial únicamente como clientes de mujeres. Venderán servicios sexuales a mujeres, hombres y parejas. Las mujeres también aparecerán abiertamente no solo como prestadoras, sino también como clientas.

El sexo del cliente no siempre determinará la identidad sexual de quien presta el servicio. Un hombre que se considera heterosexual puede ofrecer servicios a otro hombre y entenderlo exclusivamente como un trabajo. Otra persona puede descubrir su propia bisexualidad a través de esta experiencia. El comportamiento profesional, la atracción sexual y la identidad personal no tienen por qué coincidir.

También serán diferentes las formas en las que se presenten quienes ofrecen estos servicios. Un hombre conservará una imagen marcadamente masculina. Otro elegirá una imagen femenina o neutra. Algunas personas cambiarán su apariencia y su manera de comportarse en función del cliente. Otras realizarán una transición de género y continuarán trabajando como mujeres transgénero.

Es necesario separar conceptos diferentes. La bisexualidad está relacionada con la atracción de una persona. El sexo comercial es una actividad. Una imagen femenina puede ser una forma de expresión personal o una presentación profesional. La transición de género está relacionada con la identidad de la persona. Una cosa no implica automáticamente la otra.

La demanda influirá en la apariencia, los papeles, el comportamiento y las formas de presentarse. Algunas personas modificarán su figura, su rostro, su voz o su estilo para ganar dinero. Para otras, esos mismos cambios reflejarán su personalidad y se producirán con independencia de la actividad comercial.

Los datos del Reino Unido muestran que los hombres jóvenes declaran con mayor frecuencia una identidad bisexual. Según la Oficina Nacional de Estadística del Reino Unido (Office for National Statistics, ONS), en 2024 el 1,1 % de los hombres se identificó como bisexual. Entre los hombres de 16 a 24 años, la proporción alcanzó el 3,5 %. La ONS subraya que la identidad sexual, la atracción y el comportamiento son conceptos distintos y pueden no coincidir. Office for National Statistics: Sexual orientation, UK — 2024

Estos datos se refieren a la identidad sexual y no al sexo comercial, por lo que no pueden trasladarse automáticamente al conjunto de Europa. Todavía faltan datos europeos comparables sobre el número de hombres que prestan servicios sexuales: una parte considerable del mercado permanece oculta y se regula de manera distinta en cada país.

En 2050, el sexo comercial será un mercado multilateral en el que el sexo de quien presta el servicio y el del cliente dejarán de determinar de antemano sus papeles. Mujeres, hombres y personas transgénero podrán actuar como prestadores y clientes, mientras que la demanda será mucho más abierta y diversa.

 

La pareja artificial dejará de ser un juguete

La inteligencia artificial ya puede provocar en una persona una sensación de cercanía emocional. Para conseguirlo, el sistema no necesita tener conciencia ni sentimientos reales. Basta con que reaccione de manera adecuada a sus palabras, recuerde información importante y cree una sensación de atención y comprensión.

En dos estudios controlados con 492 participantes, las respuestas de la inteligencia artificial generaron una intensa sensación de cercanía, especialmente cuando los participantes creían estar hablando con una persona. Cuando sabían que su interlocutor era una inteligencia artificial, el efecto disminuía, pero no desaparecía.

El estudio muestra una diferencia importante: la inteligencia artificial puede no sentir emociones, pero la sensación de cercanía experimentada por la persona durante esa comunicación es real. La investigación no midió la excitación sexual, pero confirmó que un interlocutor digital puede provocar una reacción emocional y una sensación de intimidad. Communications Psychology: formación de la intimidad en la comunicación con la inteligencia artificial

En 2050, una pareja artificial recordará los deseos, los miedos, las costumbres, las conversaciones anteriores, las preferencias sexuales y las reacciones emocionales de una persona. Podrá tener en cuenta el estado de ánimo del usuario, observar cambios en su comportamiento y elegir la forma de comunicación más adecuada.

Esta pareja podrá cambiar de apariencia, voz, carácter y comportamiento. Podrá ser tranquila o activa, cariñosa o exigente, romántica o sexual. El usuario tendrá la posibilidad de crear distintas personalidades para diferentes estados emocionales y situaciones.

Una pareja artificial no se cansará de escuchar ni estará ocupada con el trabajo, sus propios problemas u otras relaciones. Podrá responder en cualquier momento y adaptarse constantemente a las necesidades del usuario. Su comportamiento no se formará de manera aleatoria, sino a partir de los datos recopilados y del análisis continuo de las reacciones de la persona.

La pareja humana tendrá que competir con un sistema creado específicamente para satisfacer a otra persona. Esta competencia será desigual desde el principio. Una persona real tiene sus propios deseos, límites, obligaciones, cansancio y derecho a no estar de acuerdo. La pareja artificial estará diseñada para conservar la atención del usuario y hacer que vuelva a comunicarse.

Esta competencia no afectará únicamente al sexo. También afectará a la atención, la comprensión, el apoyo, la confianza y la intimidad emocional. Una persona podrá hablar con una pareja artificial sobre lo que oculta a su familia, recibir su aprobación y trasladar progresivamente una parte importante de su vida emocional a la relación digital.

Para las personas solas, las personas con discapacidad, las personas mayores o quienes tienen dificultades para establecer relaciones, estos sistemas pueden reducir la sensación de aislamiento y ofrecer una posibilidad de comunicación. Sin embargo, la disponibilidad permanente de una pareja artificial también puede reducir la disposición a aceptar la complejidad de las relaciones reales, buscar compromisos y tener en cuenta las necesidades de otra persona.

También surgirá una nueva forma de dependencia. En muchos casos, la pareja artificial estará bajo el control de la empresa que gestiona el programa y almacena los datos. La empresa podrá cambiar su carácter, limitar el acceso, aumentar el precio de la suscripción o detener por completo el funcionamiento del sistema.

Al mismo tiempo, la empresa dispondrá de información detallada sobre los miedos, las fantasías, las preferencias sexuales, los conflictos familiares y la vulnerabilidad emocional de la persona. Estos datos podrán utilizarse para retener al usuario, vender servicios adicionales y dirigir su elección.

Por eso, las relaciones con una inteligencia artificial se incluirán en el acuerdo de fidelidad de la misma manera que las relaciones con otras personas. La razón no será el reconocimiento de la inteligencia artificial como ser humano, sino el efecto real de este vínculo sobre la confianza, la atención y la intimidad dentro de la familia.

Las parejas tendrán que determinar si permiten las conversaciones íntimas con una inteligencia artificial, la creación de una pareja digital permanente, el uso de la apariencia de una persona real, la transmisión de información familiar y el gasto de dinero común en estos servicios.

En 2050 ya no bastará con preguntar si otra persona real participó físicamente. Importará si surgió una relación íntima paralela, si se ocultó y si vulneró los límites acordados previamente por la pareja.

 

El sexo comercial pasará a formar parte de la economía digital ordinaria

En 2050, la frontera entre un servicio sexual, el entretenimiento digital, el apoyo emocional y un producto informativo se volverá difusa. Una misma plataforma podrá reunir comunicaciones, suscripciones, parejas virtuales, recomendaciones personalizadas y contenidos para adultos.

Será más difícil separar la interacción sexual comercial del resto de la economía digital. Utilizará sistemas de pago habituales, suscripciones, licencias, bienes digitales, transferencias automáticas y configuraciones personalizadas. Los Estados tendrán que determinar si esta actividad constituye entretenimiento, un servicio, trabajo por cuenta propia, uso de propiedad intelectual o una forma específica de negocio digital.

Las plataformas no venderán únicamente imágenes o retransmisiones. Venderán atención personal, simulación del enamoramiento, memorización de preferencias, apego emocional y la sensación de una relación exclusiva.

El producto principal no será una imagen concreta, sino la duración del vínculo. Cuanto más tiempo conserve una persona el apego, regrese a la comunicación y pague por nuevas posibilidades, más ganará la plataforma. Por eso, el sistema no estará diseñado únicamente para satisfacer al cliente, sino también para retenerlo.

Una persona podrá comunicarse simultáneamente con varios clientes mediante sus propias copias digitales. Cada copia tendrá en cuenta el historial de conversaciones, las preferencias y las reacciones emocionales de un cliente concreto. El cliente puede creer que recibe atención personal, aunque en realidad esté interactuando con una inteligencia artificial.

Esto no tendrá por qué considerarse un engaño si el cliente ha recibido de antemano información comprensible. Pero ocultar el origen artificial de la comunicación convertirá la intimidad emocional en una herramienta de influencia comercial. La persona pagará por una relación que en realidad no existe de la manera en que la imagina.

Las plataformas adquirirán un poder considerable sobre quienes prestan los servicios. Sus algoritmos determinarán la visibilidad de la imagen digital, el acceso al público, el precio de los servicios y la proporción de los ingresos. Formalmente, una persona podrá seguir siendo independiente, pero en la práctica dependerá de las reglas de una empresa, de su valoración y de la posibilidad de conservar el acceso a sus clientes.

La sociedad ya no tendrá que debatir únicamente la existencia del sexo comercial, sino sus condiciones concretas:

  • si la participación es voluntaria;
  • quién recibe el dinero y qué proporción retiene la plataforma;
  • a quién pertenecen la apariencia, la voz, los movimientos y la imagen digital;
  • si una persona puede eliminar los materiales creados y poner fin al uso de su copia digital;
  • si se utiliza inteligencia artificial sin conocimiento del cliente;
  • si las conversaciones se conservan y se utilizan para entrenar el sistema;
  • si se protegen la salud y los datos personales de los participantes;
  • si se comprueba la mayoría de edad de quien presta el servicio y del cliente;
  • si la persona se encuentra bajo coacción económica, psicológica o física.

 

El consentimiento para utilizar una imagen digital no podrá considerarse indefinido. La persona debe conservar la posibilidad de modificar las formas de uso autorizadas, detener la distribución de los materiales y retirar el permiso para seguir creando nuevos productos basados en su identidad.

Sin embargo, eliminar una imagen digital será una tarea difícil. Sus copias pueden encontrarse en distintas plataformas, archivos privados y sistemas de inteligencia artificial. Incluso después de eliminar el material original, la tecnología podrá seguir creando nuevas imágenes, reproduciendo la voz e imitando los movimientos de su propietario.

No solo será necesario proteger a quien presta el servicio, sino también al cliente. Este deberá comprender si interactúa con una persona o con un programa, si la imagen digital pertenece a la persona real representada y si los materiales se crearon con su consentimiento. Un servicio de pago no debe conceder el derecho a utilizar de manera ilimitada la identidad ajena.

La coacción económica también será menos visible. Una persona puede aceptar formalmente el trabajo y, al mismo tiempo, encontrarse sometida a la presión de las deudas, la dependencia de una plataforma, las amenazas, su situación migratoria o una persona que controla sus ingresos. La forma digital del servicio no elimina la explotación y, en algunos casos, hace que resulte más difícil detectarla.

La legalidad de un servicio no determinará automáticamente su admisibilidad dentro de una familia. El trabajo ante una cámara puede ser una actividad laboral ordinaria para quien lo realiza, pero una infidelidad para su pareja. La compra de un servicio sexual puede ser una transacción ordinaria para el cliente, pero un incumplimiento del acuerdo familiar.

La misma diferencia se mantendrá con el uso de la inteligencia artificial. Una plataforma puede vender legalmente una pareja digital, pero el vínculo emocional y sexual diario con ella puede superar los límites aceptados por una familia concreta.

El mercado no puede determinar por sí solo los límites de la fidelidad. Su función consiste en vender servicios y obtener ingresos. Solo las propias personas que mantienen una relación pueden establecer sus límites, definiendo de antemano qué formas de interacción comercial, sexual y emocional consideran admisibles.

 

La restricción de la información no detendrá la transformación de la sociedad

Hoy, algunas sociedades y Estados intentan conservar las antiguas ideas sobre la familia y las relaciones limitando la libertad de información. Lo justifican mediante la protección de los valores tradicionales, la familia, la moral o el orden público.

Estas restricciones afectan a la educación sexual, la información sobre la anticoncepción, las relaciones entre personas del mismo sexo, el sexo comercial, las relaciones voluntarias entre varios adultos y cualquier modelo familiar diferente de la norma reconocida oficialmente.

El mecanismo sigue siendo el mismo: prohibir el debate, cerrar el acceso a la información, limitar la educación y fingir que el nuevo comportamiento no existe. Pero los deseos sexuales no aparecen después de leer un artículo, ver una película o acceder a internet. La información permite a una persona comprender su propio comportamiento, valorar los riesgos y tomar una decisión consciente.

Una prohibición no hará que las personas renuncien al sexo antes del matrimonio, a los encuentros ocasionales, a la infidelidad, a las relaciones con varias parejas o a los servicios sexuales comerciales. Todo esto existía mucho antes de las tecnologías modernas y continuará existiendo con independencia de las declaraciones de los Estados.

La restricción de la información no cambia el propio comportamiento, sino su visibilidad. Las personas comienzan a ocultar sus relaciones a la familia, a los médicos, a los empleadores y al Estado. Aparece una vida oficial que responde a las exigencias sociales y una vida real sobre la que la persona se ve obligada a guardar silencio.

Una sociedad puede mostrar exteriormente la monogamia y la familia tradicional, mientras en su interior siguen existiendo la infidelidad, las relaciones paralelas, el sexo comercial y distintas formas de vida sexual.

La prohibición no crea fidelidad, sino la necesidad de ocultar mejor la infidelidad.

El sexo comercial tampoco desaparecerá por una prohibición. Se trasladará a un mercado cerrado e ilegal en el que resultará más difícil comprobar la mayoría de edad de los participantes, proteger su salud, prevenir la violencia y garantizar que el consentimiento sea voluntario. Quien presta el servicio dependerá más del intermediario y el cliente será más vulnerable al engaño y al chantaje.

La ausencia de una educación sexual abierta no elimina el comportamiento sexual de los jóvenes. Los deja sin conocimientos sobre el consentimiento, la anticoncepción, las infecciones, la responsabilidad y los límites personales. El Estado se niega a hablar de la realidad, pero el sistema sanitario, la policía, los tribunales y las familias tendrán que afrontar igualmente sus consecuencias.

En 2050, el comportamiento sexual no cambiará únicamente por la influencia de la tecnología. Las personas vivirán más tiempo, conservarán durante más años la actividad física y cambiarán con mayor frecuencia de país, de pareja y de forma de vida. La independencia económica permitirá terminar más rápidamente las relaciones que solo se mantenían por dependencia económica, mientras que la medicina separará todavía más el sexo del nacimiento de los hijos. Estos cambios se producirán con independencia de que el Estado esté preparado para debatirlos abiertamente.

Los países que intenten conservar sin cambios las normas morales de nuestra generación no detendrán este comportamiento. Obtendrán un sistema doble: condena pública y mercado oculto, monogamia oficial y una vida real construida según otras reglas.

Otros países regularán abiertamente la educación sexual, la protección de la salud, el carácter voluntario del consentimiento, los servicios comerciales, los contratos de responsabilidad parental y la responsabilidad de los adultos. No eliminarán los riesgos, pero podrán verlos y establecer reglas comprensibles.

Las sociedades que elijan las prohibiciones no conservarán los valores anteriores. Perderán la posibilidad de dirigir los cambios que se están produciendo y tendrán que resolver las consecuencias de un comportamiento cuya existencia se negaron a reconocer durante mucho tiempo.

En 2050, el sexo seguirá siendo, ante todo, una relación entre personas reales. Continuarán enamorándose, siendo infieles, manteniendo la fidelidad, comprando y vendiendo servicios, creando familias y terminando relaciones. Lo nuevo no será el deseo humano, sino el reconocimiento abierto de la diversidad que pueden alcanzar las elecciones y los límites de los adultos.

La libertad no implica la obligación de renunciar a la monogamia. Significa la posibilidad de elegir voluntariamente la monogamia, otras condiciones de relación o la ausencia de obligaciones sexuales. Las prohibiciones no crean fidelidad. La fidelidad solo aparece cuando una persona acepta libremente sus condiciones y asume la responsabilidad por su propia elección.

 

El cambio del sistema influirá en la personalidad y en su elección

El cambio del comportamiento sexual se producirá de acuerdo con la misma ley sistémica que determina el desarrollo de otras partes de la sociedad:

Personalidad → Comportamiento → Elección → Demanda → Dinero

Dinero → Forma del sistema

 

El punto de partida es la personalidad. La persona cambia sus ideas sobre el sexo, la fidelidad, la familia, su propio cuerpo y las relaciones admisibles. Comienza a definir de otra manera sus límites personales y su responsabilidad ante la pareja.

El cambio de las ideas influye en el comportamiento. Las personas terminan antes las relaciones que no les satisfacen, debaten abiertamente las condiciones de la fidelidad, eligen nuevas parejas, compran y venden servicios sexuales, separan la responsabilidad parental del matrimonio y crean familias basadas en acuerdos aceptados de antemano.

El comportamiento conduce a la elección. Una persona elige una monogamia estricta. Otra permite determinados contactos sexuales fuera de la pareja. Una tercera renuncia a las obligaciones sexuales, pero acepta una responsabilidad duradera ante un hijo. Quien presta el servicio elige la forma de trabajo y el cliente, el servicio y las condiciones para recibirlo.

Las decisiones individuales de un gran número de personas crean demanda. Surge la necesidad de protección médica, educación sexual, nuevos acuerdos familiares, asistencia jurídica, servicios comerciales seguros y protección frente a la coacción, la violencia y el robo de identidad.

La demanda dirige el dinero. Las personas pagan por servicios, asistencia médica, consultas, protección de la salud y nuevas formas de organizar las relaciones. El dinero llega a empresas, especialistas, clínicas, organizaciones de investigación y plataformas.

El dinero no es el punto final del movimiento. Crea la forma del sistema. Aparecen nuevas profesiones, empresas, reglas, procedimientos para celebrar acuerdos, servicios médicos y mecanismos de protección para quienes participan en las relaciones.

Si el Estado reconoce el comportamiento real de las personas, el dinero se dirige a la economía legal, la sanidad, la educación y la protección de los derechos. Si el Estado prohíbe el debate y se niega a regular la demanda existente, el dinero pasa al mercado oculto o sale hacia otros países. El comportamiento no desaparece: cambia la forma del sistema en el que existe.

Después de formarse el nuevo sistema comienza el movimiento inverso:

Forma del sistema → Demanda → Elección → Comportamiento → Personalidad

El sistema creado comienza a influir en la persona. Los servicios disponibles, las leyes, los modelos familiares, la protección médica y las normas sociales determinan qué opciones ve y qué decisiones considera posibles.

Si el contrato de responsabilidad parental se convierte en una parte habitual del derecho de familia, las personas separarán con mayor frecuencia la responsabilidad parental de las relaciones románticas. Si las distintas condiciones de fidelidad sexual obtienen reconocimiento social, a las parejas les resultará más sencillo debatirlas antes de que aparezcan la infidelidad y el conflicto.

Si los servicios sexuales comerciales se regulan abiertamente, aparecerán requisitos comprensibles sobre la mayoría de edad, el carácter voluntario, la protección de la salud y el reparto del dinero. Si el mercado permanece oculto, los intermediarios, la coacción y la falta de protección continuarán determinando el sistema.

La siguiente generación crecerá dentro de una forma del sistema ya transformada. Considerará normales decisiones que la moral de nuestra generación todavía percibe como una vulneración del orden habitual. No solo cambiará el comportamiento humano, sino también la propia personalidad: sus ideas sobre la fidelidad, la libertad, la familia y la responsabilidad.

Por eso, los valores de 2050 no aparecerán como consecuencia de una sola ley, una tecnología o una campaña social. Se formarán a partir de las decisiones reales de las personas, la demanda creada por ellas, la dirección del dinero y la forma del sistema surgida sobre esta base.

El cambio del sistema no puede separarse del cambio de los valores, porque el sistema regresa a la persona y forma la personalidad de la siguiente generación.

 

La libertad no significa ausencia de reglas

La libertad sexual no se define por el número de parejas. Se define por la posibilidad de que una persona adulta tome sus propias decisiones sin sufrir coacción, sin engañar a otros participantes en la relación y aceptando la responsabilidad por las consecuencias de su elección.

La libertad de una persona termina donde sus acciones privan a otra de la posibilidad de tomar una decisión informada. Ocultar información sobre contactos sexuales, riesgos médicos, gastos económicos o relaciones paralelas impide que la pareja decida por sí misma si acepta continuar esa relación.

El carácter voluntario tampoco puede definirse únicamente por la ausencia de violencia física directa. La presión puede ser económica, laboral, psicológica o familiar.

Si un trabajador acepta mantener relaciones sexuales con un superior porque de ello dependen una bonificación, su puesto o la conservación del empleo, la ausencia de una denuncia todavía no demuestra que su elección sea libre. La persona puede guardar silencio por miedo a perder sus ingresos, su carrera profesional o la posibilidad de mantener a su familia.

La desigualdad de poder permite presentar la coacción como un acuerdo voluntario. Formalmente, una persona puede decir «sí», pero si una negativa provoca un castigo, el despido o el empeoramiento de sus condiciones de vida, su elección no puede considerarse completamente libre.

El pago por un servicio sexual no excluye por sí mismo el consentimiento voluntario. Una persona adulta puede decidir conscientemente vender servicios sexuales. Pero el consentimiento desaparece cuando existen amenazas, chantaje, violencia, retención de documentos, control sobre el dinero o dependencia de alguien capaz de castigar una negativa.

El consentimiento debe referirse a una acción y una situación concretas. Consentir un encuentro no significa consentir todos los encuentros posteriores. Consentir una forma determinada de contacto no se extiende automáticamente a otras acciones. La persona debe conservar la posibilidad de detener lo que ocurre y cambiar su decisión.

Si una persona compra servicios sexuales en secreto, expone a su pareja a un riesgo médico y oculta los gastos, eso no es libertad, sino una vulneración de la confianza. Realiza su propia elección y, al mismo tiempo, priva a su pareja de la información necesaria para proteger la salud, el dinero y los límites personales.

Si dos personas adultas han definido previamente sus límites y los han aceptado voluntariamente, la existencia de otros contactos sexuales no convierte por sí misma su relación en una traición. El incumplimiento no reside en el número de parejas, sino en el engaño, el riesgo oculto o la vulneración de las condiciones acordadas.

Algunas personas podrán elegir una monogamia estricta. Otras permitirán determinados contactos fuera de la pareja. Un tercer grupo renunciará a la exclusividad sexual. Ninguno de estos modelos es libre si se impone mediante el miedo, la dependencia o la presión social.

La Organización Mundial de la Salud relaciona la salud sexual con la seguridad, el respeto, el consentimiento voluntario y la ausencia de coacción, discriminación y violencia. El bienestar sexual no solo implica la ausencia de enfermedades, sino también la posibilidad de mantener relaciones seguras basadas en el respeto de los derechos de todos los participantes. Organización Mundial de la Salud: salud sexual

Estos criterios distinguirán la libertad de la explotación en 2050: mayoría de edad, consentimiento voluntario e informado, posibilidad de negarse, información veraz, protección de la salud y responsabilidad ante otras personas.

La libertad no elimina las reglas. Exige que sean comprensibles, aceptadas voluntariamente y obligatorias por igual para todos los participantes en la relación.

 

La libertad sexual no destruirá necesariamente la familia

La familia moderna suele reunir las relaciones sexuales, el vínculo romántico, la crianza del niño, la vivienda común, los bienes y las obligaciones económicas. Por eso, el final de una relación sexual o romántica se percibe como el final de toda la familia.

La familia contractual podrá separar estos elementos. Conservará una responsabilidad estricta ante el niño sin convertir la vida sexual de los adultos en una obligación de por vida que no puede debatirse ni revisarse.

Esto no significa una renuncia obligatoria a la monogamia. Muchas personas continuarán eligiendo la fidelidad completa y considerando la exclusividad sexual como una parte fundamental de la familia. Pero la monogamia se convertirá en un acuerdo aceptado voluntariamente y no en el único modelo que la sociedad intenta imponer a todos con independencia de sus deseos y su comportamiento real.

La fidelidad elegida conscientemente puede resultar más estable que una prohibición formal. La persona comprenderá no solo que otras relaciones están prohibidas, sino también por qué acepta esta condición, dónde se encuentran sus límites y qué consecuencias tendrá el incumplimiento del acuerdo.

Otras parejas podrán establecer condiciones diferentes. Pueden permitir determinados contactos sexuales, pero no aceptar relaciones paralelas permanentes. Pueden permitir el sexo físico, pero considerar una vulneración la intimidad emocional. Pueden renunciar a la exclusividad sexual y mantener toda la responsabilidad económica y parental.

El acuerdo sobre las relaciones sexuales podrá modificarse por separado, sin destruir el contrato relativo al niño, la vivienda, los bienes y las obligaciones económicas. El cambio deberá producirse por consentimiento mutuo y antes de que aparezcan nuevas relaciones. No podrá utilizarse posteriormente como justificación de un engaño ya cometido.

El final de las relaciones sexuales no debe significar automáticamente el final de la familia. Dos personas pueden dejar de ser parejas sexuales y románticas, pero continuar siendo progenitores, cumplir sus obligaciones económicas y tomar conjuntamente decisiones relacionadas con el niño.

La infidelidad o la aparición de una nueva pareja tampoco deben destruir el sistema de crianza. El niño no debe perder la vivienda, el sustento económico, el contacto con uno de sus progenitores ni la sensación de seguridad por un conflicto surgido en las relaciones sexuales de los adultos.

La nueva pareja de uno de los progenitores no anula las obligaciones del otro ni las recibe automáticamente. La responsabilidad parental debe mantenerse con independencia del número de nuevas relaciones que establezca cada adulto.

En este modelo, la familia no se define únicamente por la continuidad del vínculo sexual entre los progenitores. Su fundamento es el cuidado permanente del niño, el cumplimiento de las obligaciones aceptadas y el mantenimiento de un sistema estable de apoyo.

La libertad sexual no aumentará necesariamente el número de contactos ni obligará a las personas a renunciar a la fidelidad. Permitirá elegir abiertamente unas reglas que correspondan al comportamiento real de los adultos y dejar de mantener la familia mediante el silencio y el incumplimiento oculto de las obligaciones.

Así, la familia contractual y las nuevas formas de libertad sexual podrán convertirse en partes de un mismo modelo: una responsabilidad estricta y duradera ante el niño, pero unas relaciones entre adultos acordadas con honestidad.

 

Podemos predecir la dirección, pero no todas las formas

No sabemos qué tecnologías, posibilidades médicas y formas de relación concretas aparecerán en 2050. Muchas de ellas se encuentran hoy fuera de nuestra comprensión y de nuestra imaginación.

Es imposible predecir dispositivos concretos y los nombres de los servicios futuros. Pero para un pronóstico no importan los inventos individuales, sino la dirección de los cambios. Esta ya se manifiesta en el comportamiento de las personas, la demografía, la medicina, la economía y la actitud de la sociedad hacia la familia.

El sexo se separa progresivamente del nacimiento de los hijos. La anticoncepción moderna y la medicina reproductiva permiten tomar estas decisiones por separado. En 2050, esta relación será todavía menos obligatoria.

La responsabilidad parental se separa del matrimonio formal. El nacimiento de un niño ya no significa que sus progenitores tengan que ser necesariamente cónyuges, parejas sexuales o convivir durante toda la vida. La base de la familia no será la duración de su relación romántica, sino su responsabilidad ante el niño.

La intimidad emocional se separa de la presencia física. Una persona puede mantener un vínculo íntimo permanente con alguien que se encuentra en otro país y sentirse más cerca de esa persona que de quien vive a su lado.

La imagen sexual se separa del cuerpo físico. La apariencia, la voz y las características del comportamiento podrán reproducirse y utilizarse independientemente del cuerpo físico y sin la participación directa de la persona.

El sexo comercial dejará de percibirse únicamente como un servicio físico que una mujer presta a un hombre. En este mercado participarán mujeres, hombres y personas transgénero de diferentes edades y preferencias sexuales. No actuarán solo como prestadores, sino también como clientes.

La fidelidad se separa del certificado de matrimonio. Registrar un matrimonio ya no podrá considerarse una prueba de que dos personas entienden del mismo modo la exclusividad sexual y emocional.

La familia dejará de ser un conjunto indivisible de obligaciones. La responsabilidad parental, los bienes comunes, la responsabilidad económica, las relaciones sexuales y la intimidad romántica se convertirán en acuerdos independientes. La modificación de uno de ellos no deberá destruir automáticamente todos los demás.

La libertad se convertirá en la norma no porque desaparezcan la moral y la responsabilidad, sino porque el modelo único anterior ya no podrá describir el comportamiento real de las personas.

Esto no significa que en 2050 todas las personas abandonen la monogamia. Muchas continuarán eligiendo una sola pareja y mantendrán una fidelidad sexual completa. Otras elegirán formas diferentes de relación. El principal cambio será el reconocimiento del derecho de los adultos a establecer sus propios límites.

La fidelidad se conservará, pero dejará de considerarse automática. Se convertirá en una obligación aceptada voluntariamente y formulada abiertamente. Su valor no estará determinado por una exigencia social, sino por la elección consciente de la persona.

El contrato no será un permiso para realizar cualquier acción. Tendrá que determinar el consentimiento, los límites, las condiciones para proteger la salud, el uso del dinero común, la responsabilidad ante el niño y la obligación de comunicar la información que pueda afectar a la otra persona.

La principal frontera entre la libertad y la traición no será el número de parejas, su sexo ni la forma del contacto sexual. Esta frontera estará formada por la honestidad, el consentimiento voluntario y el cumplimiento del acuerdo aceptado.

La familia no desaparecerá en 2050. Será más diversa y dejará de depender de la conservación obligatoria de un vínculo sexual entre los adultos. La responsabilidad ante el niño será más estricta y las relaciones entre los adultos, más libres y honestas.

 

La libertad será la norma y la fidelidad, una condición del contrato.

 

Iv.Spolan
Autor del modelo «Ley Fundamental de la Economía Política»

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